El PSOE, Juncker y la Unión Europea


Juncker

En las últimas semanas un asunto ha vuelto a sacar a flote el bipartidismo, ese bipartidismo que se ha visto como el culpable de la crisis y, peor aún, como defensor de una clase privilegiada denominada casta. Si esta cuestión ha vuelto a estar en los titulares de muchos medios, se debe a la elección inminente, el próximo 16 de julio, de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, que será apoyado por el Partido Socialista Europeo. Ante esta decisión, los tres candidatos a la secretaría general del PSOE se han apresurado a mostrar su disconformidad, en un intento de desmarcarse de la identificación de que PP y PSOE son iguales.

Conviene recapitular. Entre el 22 y 25 de mayo se escogía a los miembros del Parlamento Europeo con la promesa de que el presidente de la Comisión sería el candidato del partido europeo más votado, decisión que sería respetada por el Consejo, que es quien tiene la competencia para realizar la propuesta de candidato a presidir la Comisión ante el Parlamento. Con esta decisión se buscaba, por un lado, parlamentizar la negociación referente a la formación de la Comisión, frente a la tradicional negociación entre jefes de estado y de gobierno, a la vez que se ofrecía a los ciudadanos un mayor poder de decisión a través de su voto. Pues bien, esta cuestión fue discutida incluso antes de las elecciones europeas, entre otros por el Gobierno británico de David Cameron, quien pretendía que el Consejo acabase proponiendo a otra persona distinta a la que los partidos habían designado como candidatos.

Las elecciones europeas convirtieron al Partido Popular europeo en la fuerza más votada con 221 escaños, pese a una pérdida de más de 60, pero a su vez dejaban una aritmética parlamentaria difícil de gestionar. Los socialistas, que lograban 191 eurodiputados, se quedaban sin fuerza suficiente para conseguir la mayoría absoluta necesaria para llevar a Schulz a la presidencia de la Comisión, incluso sumando los votos de La Izquierda (52), los Verdes (50) y los Liberales (67). Por su parte, el Grupo Conservador, encabezado por los compañeros de partido de Cameron, suma 70; los eurófobos con el UKIP y Nigel Farage a la cabeza, acompañados del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo suman 48, sin olvidarnos de que también están en el Parlamento los no inscritos del Frente Nacional francés de Marine Le Pen, todos ellos con una posición contraria a la integración europea.

Con este escenario, Juncker y los populares dependen exclusivamente de los socialdemócratas para lograr la presidencia de la comisión y evitar lo que en la práctica sería un fraude electoral que supusiese no convertir en presidente de la Comisión al candidato de la fuerza más votada. La única alternativa real a Juncker, con los socialdemócratas sin fuerza suficiente, es la de un candidato externo a las elecciones, ya sea Christine Lagarde u otro.

Y vuelvo a enlazar con la política nacional. Con un PSOE débil, sin liderazgo y en pleno proceso congresual, parece obvio e inteligente que los tres candidatos, ante el clima político español, apuesten por desmarcarse de algo que a efectos de imagen resulta perjudicial, pero también deben ser conscientes de que ejercer un liderazgo fuerte supone en la práctica ser capaces de explicar cuestiones que en principio resultan difíciles. Un acuerdo de investidura a favor de Juncker no sería en ningún caso un cheque en blanco, o un apoyo sin contraprestaciones, sino que se traduciría en una negociación de políticas intermedias entre ambos, lejos de la austeridad imperante en los últimos tiempos, y sobre todo, porque no hay otra opción posible mejor, puesto que un rechazo a Juncker llevaría a una situación de bloqueo en la Unión, donde cualquier otro candidato propuesto por el Consejo sería una opción peor para las posturas socialdemócratas y porque, además, desde un punto de vista europeísta, evitaría sentar el precedente de que el presidente de la Comisión haya sido finalmente el candidato de la fuerza política ganadora de las elecciones.

Entre tanto, ha emergido a nivel europeo la figura del primer ministro italiano, Matteo Renzi, al asumir la presidencia semestral de la Unión. Un político que sí ejerce un liderazgo claro, con personalidad, al que no le tiembla el pulso en negociar y condicionar su apoyo al candidato popular a cambio de flexibilizar las exigencias de déficit a los países de la Europa del sur. El mismo que el pasado miércoles agitó con su discurso profundamente europeísta al Parlamento Europeo, después de que su partido lograse un triunfo histórico en las pasadas elecciones con un 40% de los votos, evidenciando así que con un reformismo práctico y realista, y una política centrada en las personas frente a las burocracias, la demagogia populista tiene poco que hacer.

Publicado en Asturias24.es


Acerca de Eduardo Bayón

Eduardo Bayón (Gijón, 1986), es politólogo y abogado. Graduado en Ciencias Políticas y Administración y Máster en Derechos Fundamentales por la UNED; Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, así como Experto Universitario en Relaciones Institucionales y Protocolo. Especializado en comunicación política, sistemas políticos, partidos y asuntos electorales. Es además colaborador habitual en diferentes medios de comunicación, escritos y radiofónicos.

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