Los socialdemócratas ganan en Finlandia 20 años después

Los resultados electorales de Finlandia se resumen en: fragmentación y polarización. Con el 100% escrutado, los socialdemócratas (SDP) han logrado ganar unas elecciones parlamentarias veinte años después. El partido de Antti Rinne ha logrado un 17,7% de los votos y 40 escaños (seis más que hace cuatro años) que les otorga la oportunidad de encabezar el próximo ejecutivo. La formación ultraderechista de los Verdaderos Finlandeses (PS), ha cosechado un 17,5% y 39 parlamentarios, lo que les deja en segunda posición a tan solo dos décimas de la victoria.

Las formaciones del Gobierno saliente, formado por liberales y conservadores, han sufrido el desgaste provocado por sus recortes en el Estado del bienestar que han contribuido al descontento existente. Los liberales del Partido del Centro (Kesk) del actual primer ministro, Juha Sipilä, han sufrido una severa derrota al caer desde el 21,1% de 2015 hasta el 13,9% de los votos. Por su parte, los conservadores de Coalición Nacional (Kok) han descendido hasta el 17,0%, aunque han logrado un escaño más que en 2015, quedándose así en 38 diputados.

Estos resultados, con un 72% de participación, dejan a los ultraderechistas como la única formación a la que no ha penalizado su paso por el ejecutivo durante esta legislatura. Tan solo han perdido una décima respecto al resultado que en 2015 les catapultó hacia el Gobierno por primera vez. Tras estas elecciones, se convierten en los líderes de la oposición, con tan solo un escaño menos que los socialdemócratas. Todo ello lo han conseguido pese a sus disputas internas, surgidas tras entrar en el ejecutivo, cuando suavizó su posición euroescéptica y anti-inmigración, además de ver como sus socios aprobaban el matrimonio gay junto con la oposición. En 2017, su histórico líder Timo Soini, perdió el control del partido en favor del radical ultraderechista Jussi Halla-aho, quien fue elegido por las bases del partido. Soini posteriormente acabaría llevando a cabo una escisión, llamada Futuro Azul, la misma que en estos comicios ha fracasado al conseguir solamente el 1% de los sufragios y un diputado.

La ultraderecha finlandesa se ha beneficiado del creciente sentimiento anitiinmigración, además de ser la única en apostar por no aplicar unas políticas medioambientales inminentes. La campaña electoral ha girado alrededor de la lucha contra el calentamiento global, cuestión que por primera vez todos los partidos habían priorizado en sus programas, a excepción de los ultraderechistas. La brecha social y los recortes en educación, seguridad social, y sanidad, promovidos por la austeridad del Gobierno saliente han contribuido a polarizar los comicios.

La presencia de la cuestión medio ambiental en la agenda política ha beneficiado a los Verdes, que han sumado cinco escaños más, alcanzando los 20, además de haber logrado ser primera fuerza política en Helsinki, la capital del país. También crece la Alianza de Izquierda de Li Andersson, logrando cuatro escaños más, quedándose así en 16. Las dos formaciones son socios naturales de los socialdemócratas, aunque el resultado electoral requiere buscar alianzas más allá para que Rinne acabe convirtiéndose en primer ministro.

Con esta victoria por la mínima, los socialdemócratas tendrán que iniciar negociaciones para formar Gobierno, pese a que la vista esté puesta ahora en las elecciones europeas del próximo 26 de mayo. El Parlamento estará muy fragmentado y serán necesarias amplias alianzas para lograr un ejecutivo estable. Entre los tres partidos de izquierda suman 78 diputados, mientras que la derecha y la ultraderecha se quedan en 68 parlamentarios. Los liberales que acaban de perder el poder serán decisivos a la hora de inclinar la balanza en los posibles acuerdos.


Artículo publicado en Debate21.es

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