Las claves del deterioro de la reputación del CIS tras las elecciones madrileñas

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), organismo público adscrito al Ministerio de la Presidencia, ha sido durante años un referente imprescindible para los investigadores en Ciencias Sociales de todo el mundo, así como para los medios de comunicación y la ciudadanía. A ella le proporcionaba una información más amplia y detallada que la ofrecida por el resto de empresas demoscópicas de España, que en la mayoría de casos, carecen de la transparencia deseada.

Las elecciones madrileñas han agravado el deterioro de la imagen del CIS. En esta cita electoral, el organismo presidido por José Félix Tezanos ha realizado el habitual barómetro preelectoral, un sondeo flash previa a la jornada de votación —modalidad que fue introducida para los comicios catalanes— y, por último, una encuesta ‘metodológica’ hecha pública tras las elecciones, que muestra los datos recogidos en los días previos a pesar de la prohibición de publicar sondeos electorales.

El CIS se quedó solo al dibujar una radiografía del momento en la que sus barómetros mostraban altas posibilidades de que la izquierda se llevase la victoria en la Comunidad de Madrid. Esta desviación favorable a los partidos progresistas se viene produciendo desde que Tezanos es presidente del instituto público. Mismamente, en las elecciones autonómicas madrileñas de 2019, el CIS otorgó a este bloque un 52% en su barómetro preelectoral, cuando el resultado final fue 47,6%. En esta ocasión, su predicción para la izquierda ha sido un 46,9%, lejos del 41% que suman PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos. Casi siete puntos de diferencia, que estuvieron acompañados de un desvío de ocho puntos en la estimación otorgada al Partido Popular.

Este pronóstico a favor de la izquierda tiene su origen en que la muestra del CIS cuenta con más votantes de este bloque en las pasadas elecciones de los que en realidad existieron. Como señala Endika Núñez, analista de encuestas y fundador de ‘TheElectoralReport’, «esto no debería ser un problema si esos desajustes se corrigiesen mediante lo que coloquialmente denominamos ‘cocina’». No obstante, como Núñez recuerda, «otra explicación de las desviaciones del CIS es que, a menudo —aunque últimamente existan los barómetros flash— los sondeos preelectorales se publican entre 15 y 30 días antes, y sabemos que cuanto más cerca de las elecciones menos error tienen las encuestas».

Este cuestionamiento del CIS no solo se debe a la lejanía de sus estimaciones con los resultados electorales finales, sino que también está en entredicho la propia calidad de los datos recogidos. El barómetro preelectoral realizado por el instituto público para la Comunidad de Madrid, que contó con un total de 4.000 entrevistas —el doble de las habituales respecto al resto de encuestadoras— es un buen ejemplo de ello. Alberto López, director del mercado de predicciones ‘Predi’ e investigador en Ciencia Política en la Universidad de Zúrich, apunta que «ahora de repente los datos brutos son muy preocupantes. ¿Cómo puede ser que casi el 50% de la muestra tenga estudios superiores? Eso está muy lejos de ser representativo de la sociedad. Y por supuesto reduce el crédito de la institución y daña el trabajo de los investigadores«.

Desde la llegada de Tezanos al frente del CIS también se han producido cambios metodológicos importantes, que van desde romper series fundamentales, como preguntas relativas a la confianza en la gestión del gobierno, hasta la alteración de escalas, como la relativa a la valoración de líderes políticos, que se redujo en un punto al pasar de una clasificación de 0-10 a 1-10. Todo esto, sin olvidarnos de la difusión del barómetro político mensual en lugar de trimestral, como venía produciéndose hasta entonces y que ha conllevado el aumento del foco mediático sobre el CIS.

La principal polémica que Tezanos tuvo que abordar durante su primer año al frente del CIS fueron los diversos cambios en la estimación de voto. Esto generó confusión y evidenció un problema comunicativo importante. En este sentido, el experto Endika Núñez sostiene que «ha habido cambios metodológicos y más transparencia en la metodología, pero no una total claridad en los métodos. Los problemas existentes son más bien comunicativos. Empezó diciendo que no publicarían estimación de voto, sino intención directa —lo que responden directamente los encuestados—.Últimamente están dando estimación de voto y parece que así va a ser a partir de ahora«. Alberto López coincide al señalar que «los cambios metodológicos han sido uno de los grandes problemas. De decir que el CIS no estaba para predecir el voto pasó en enero de 2020 a utilizar el llamado modelo V108, un método opaco que dice tener en cuenta hasta 108 variables para calcular el voto. En cambio, el modelo previo a Tezanos para realizar la estimación era un método limpio que tenía en cuenta la intención de voto, el recuerdo de voto y la simpatía».

Las cuestiones expuestas dibujan una situación delicada para el CIS, entidad que cuenta con técnicos de un excelente nivel. La presencia pública de su presidente y muchas de sus declaraciones no han contribuido a alejar el foco y las críticas sobre el CIS, cuya credibilidad como organismo público está siendo cuestionada.


Artículo publicado en el diario Público.

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