
Las elecciones autonómicas del 15 de marzo en Castilla y León se presentan como una victoria cantada del PP. El 79% de los encuestados lo cree, y los números de partida le dan la razón. Sin embargo, la encuesta preelectoral del CIS (estudio 3545, 8.039 entrevistas) contiene, por debajo de los titulares, un dato que merece atención: PP y Vox compiten por el mismo electorado, y el principal caladero de crecimiento de Vox es el votante del PP.
Si la campaña empuja a Vox al alza, el ascenso se produce sobre todo a costa de los populares. Por tanto, las matemáticas electorales podrían producir un resultado que hoy casi nadie contempla.
Olvidemos la estimación: lo que importa son los cruces
Las estimaciones de voto del CIS —las cifras que ocupan los titulares— son el resultado de un modelo de cocina que asigna indecisos, corrige abstencionistas y redistribuye el «no sabe». Pero la encuesta contiene algo mucho más valioso: los datos crudos de las entrevistas.
«No estamos ante dos electorados separados, sino ante un espacio compartido en el que la ventaja del PP se erosiona a medida que el votante se siente más a la derecha»
Las tabulaciones cruzadas —qué dice cada votante según su ideología, su recuerdo de voto, su segunda opción— no pasan por ningún filtro. Son fotografías directas del electorado. Y lo que muestran es una derecha que funciona como un sistema de vasos comunicantes.
El cruce de intención de voto por autoubicación ideológica es el dato más revelador de toda la encuesta. Entre quienes se sitúan en la posición 6 de la escala —el corazón del centroderecha moderado, un 8,5% del electorado—, el PP aventaja a Vox por 33 puntos. Pero esa ventaja se estrecha conforme nos movemos hacia la derecha: en la posición 7, donde se concentra otro 8,4% del censo, la distancia baja a 31 puntos; en la 8, a 21. No estamos ante dos electorados separados, sino ante un espacio compartido en el que la ventaja del PP se erosiona a medida que el votante se siente más a la derecha. Y es en las posiciones 5 a 7 —las más pobladas del centroderecha, y las que presentan mayor porcentaje de indecisos— donde la campaña puede mover las cosas.
La segunda opción de voto apunta en la misma dirección. Entre quienes votaron al PP en 2022 y hoy declaran intención de votar a un partido, el 32,5% elige a Vox como alternativa. A la inversa, el 34,7% de quienes votaron a Vox citan al PP como plan B. En ningún otro par de partidos aparece una permeabilidad semejante.
«El 11,3% de quienes votaron al PP en las autonómicas de hace cuatro años declaran hoy intención de votar a Vox: una fuga ya en marcha»
Las transferencias desde 2022 también van en el mismo sentido. El 11,3% de quienes votaron al PP en las autonómicas de hace cuatro años declaran hoy intención de votar a Vox: una fuga ya en marcha. Y hay otro 9,1% de exvotantes populares que aún no saben qué harán, un bloque que la campaña puede empujar en cualquier dirección.
Conviene recordar que en 2022 Vox obtuvo un 17,6% y 13 escaños. No es un partido testimonial: es la tercera fuerza con representación sustancial. La estimación del CIS le asigna ahora un 16,1%, por debajo de aquel resultado. La fragmentación de la derecha no es una hipótesis; es el punto de partida.
El triple mecanismo: fragmentar, desmovilizar, movilizar
Una subida de Vox durante la campaña activa simultáneamente tres mecanismos que, combinados, pueden alterar la aritmética parlamentaria de forma desproporcionada.
Fragmentación. En las provincias castellanas y leonesas —donde la mayoría reparte entre 5 y 11 escaños—, dos partidos del mismo bloque que compiten en porcentajes cercanos se perjudican mutuamente en el reparto, mientras que el partido del bloque contrario con el voto más concentrado se beneficia. Un PP fuerte con un Vox moderado produce más escaños conjuntos de derecha que un PP debilitado con un Vox fuerte.
«El votante moderado del PP se enfrenta a un dilema: votar sabiendo que su papeleta puede acabar sosteniendo una coalición con Vox, o quedarse en casa»
Desmovilización del centro. El 36,8% de los encuestados califica como mala o muy mala la gestión del Gobierno autonómico, y el 37,5% cree que la situación ha empeorado. No es un electorado entusiasmado. Si las encuestas de campaña muestran a Vox al alza, el votante moderado del PP se enfrenta a un dilema: votar sabiendo que su papeleta puede acabar sosteniendo una coalición con Vox, o quedarse en casa. La expectativa de victoria del PP («total, gana seguro») facilita la segunda opción.
Movilización de la izquierda. El 11,1% de los electores cita como primera razón de su voto «intentar evitar que ganen partidos de derechas». Sumando la segunda mención, alcanza el 18,8%. Casi uno de cada cinco votantes responde a una lógica de voto defensivo que una subida de Vox activa automáticamente. Y el único partido que puede capitalizar ese voto útil es el PSOE.
El mapa: las provincias donde las matemáticas se tuercen
No todas las circunscripciones pesan igual. El efecto es más decisivo allí donde PP y PSOE parten más igualados y Vox tiene masa crítica.
Valladolid es la circunscripción decisiva: 16 escaños y la contienda más ajustada. Un trasvase de dos puntos del PP a Vox tiene aquí más impacto que en cualquier otra provincia. En Burgos, Segovia y Palencia, diferencias de 3-4 puntos pueden anularse con un movimiento modesto. En el resto de provincias, el PP parte con ventajas más amplias o el PSOE ya lidera con claridad.
Qué tendría que pasar
El PP parte como favorito y lo más probable es que gane. Pero para que se produjera una sorpresa sería necesaria una secuencia de acontecimientos durante la campaña, ninguno de ellos extravagante: que Vox marque la agenda con temas de polarización cultural, colocando a Mañueco ante la pinza de desplazarse a la derecha —perdiendo al centro— o quedarse en el centro —acelerando la fuga—; que el PSOE ejecute una estrategia de concentración del voto útil, aprovechando que el 18,5% de los votantes de Podemos-IU-AV en 2022 ya declara intención socialista; y que la percepción de una derecha fragmentada cale entre los votantes moderados del PP, reforzando la desmovilización.
La paradoja
La derecha es mayoritaria en Castilla y León y la incumbencia juega a favor del PP. Nada de lo anterior lo niega. Lo que muestran los datos crudos del CIS es que la arquitectura electoral de la comunidad admite la sorpresa, porque la derecha es más frágil de lo que asume. Cada punto que Vox crece a costa del PP no cambia la suma del bloque, pero sí cambia cómo se traduce en escaños. En circunscripciones pequeñas, la dispersión del voto entre dos partidos del mismo espacio beneficia sistemáticamente al primer partido del bloque contrario.
Es una de las paradojas más llamativas del sistema electoral aplicado al momento político actual: que el partido que se presenta como última trinchera frente a la izquierda acabe, por pura aritmética, contribuyendo a que el PSOE se convierta en primera fuerza de Castilla y León.
Nota metodológica. Los datos proceden del Estudio 3545 del CIS (Preelectoral Autonómicas Castilla y León 2026, N = 8.039). El análisis se apoya en los cruces de la encuesta (segunda opción de voto, transferencias por recuerdo de voto, autoubicación ideológica), que son datos directos de la muestra y no dependen del modelo de estimación. Resultados de 2022 (PP: 31,5%, PSOE: 30,0%, Vox: 17,6%) como referencia.
Artículo publicado en Agenda Pública (27/02/2026).