
Castilla y León ha votado. Con una participación del 65,4% —más de seis puntos por encima de 2022—, los castellanos y leoneses han configurado unas Cortes que confirman el triunfo del PP, pero desmienten el relato de las últimas semanas: el PP gana, pero no amplía distancias; Voxcrece mucho menos de lo anunciado; el PSOE mejora gracias a un candidato que funciona y a un contexto internacional favorable, y la cuestión leonesa sigue viva sin dar todavía el salto definitivo.
1. Mañueco repite, pero vuelve a necesitar a Vox
Alfonso Fernández Mañueco será presidente de la Junta por tercera vez consecutiva. El PP obtiene 33 escaños, dos más que en 2022, dentro de la horquilla que dibujaban las encuestas —entre 31 y 35 según la casa—, pero lejos de la mayoría absoluta. Gana, aunque lo hace sin el salto que muchos esperaban cuando se convocaron estos comicios.
«El bloque de derechas suma en conjunto 47 escaños —33 del PP y 14 de Vox—, tres más que en 2022, lo que confirma que el techo conservador sube»
Con 33 procuradores, el PP se queda a 9 de los 42 necesarios para la mayoría absoluta y vuelve a depender de Vox para gobernar. El bloque de derechas suma en conjunto 47 escaños —33 del PP y 14 de Vox—, tres más que en 2022, lo que confirma que el techo conservador sube, aunque no de forma espectacular. Hay, con todo, un matiz que las cifras brutas no captan: parte de la subida popular puede explicarse no por la conquista de nuevo electorado, sino por un efecto de voto útil procedente de Vox. En un territorio con 2.248 municipios y una implantación institucional del PP sin rival —ayuntamientos, diputaciones, Junta—, una parte del electorado afín a Vox puede haber optado por votar al partido que gestiona su pueblo, su comarca, sus servicios. En la España rural, el voto se vincula mucho más a las estructuras orgánicas y a la presencia institucional.
La lectura nacional matiza el resultado. En Aragón y Extremadura, PP sobreestimado; aquí, no. Mañueco gobernará, pero tres escaños de diferencia con el PSOE es la misma distancia entre ambos partidos que ya existió hace cuatro años.
2. Carlos Martínez da aire al PSOE: candidato, contexto y voto útil
El PSOE obtiene 30 escaños, dos más que en 2022. En cualquier otro contexto, el dato sería discreto. El de 2026 es excepcional: con Extremadura y Aragón en retroceso y la mayoría de sondeos dando a los socialistas entre 26 y 28 procuradores, el PSOE no solo no cae, sino que mejora las expectativas. La explicación tiene varias capas.
La primera es el candidato. Carlos Martínez, alcalde de Soria con cuatro mayorías absolutas consecutivas, ha ejecutado con precisión lo que la situación exigía: proyectar perfil propio y municipalista, así como reconducir la campaña hacia el debate autonómico —despoblación, servicios públicos, vivienda— cuando el PP intentaba convertirla en un plebiscito sobre Pedro Sánchez. Mientras Mañueco miraba a Madrid, Martínez hablaba de las urgencias que este electorado reconoce como propias. El efecto es visible en su provincia: Soria ¡Ya! se desploma de 3 escaños a 1, y buena parte de ese voto ha ido a parar al alcalde que Soria bien conoce.
«Ante la perspectiva de un gobierno PP-Vox reforzado, el electorado de centroizquierda se concentró en el PSOE»
La segunda capa es el contexto internacional. La escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán y la posición del Gobierno Sánchez —firme en el rechazo a la implicación española y en la defensa de una salida diplomática— han reactivado el eje del «No a la guerra» y al PSOE como referente del progresismo. Sánchez lo supo leer: cerró la campaña en Valladolid junto a Zapatero, invocando el precedente de Irak. No es tanto cuántos votos ha movido esto en Castilla y León, sino que el PSOE llegó a este 15M con un relato de firmeza internacional que le dio oxígeno.
La tercera es el voto útil. Ante la perspectiva de un Gobierno PP-Vox reforzado, el electorado de centroizquierda se concentró en el PSOE —en unas elecciones con nueve distritos electorales— como única barrera efectiva, buscando, al menos, una hipotética victoria. La desaparición de Podemos e IU-Sumar de las Cortes es el reverso aritmético de esa decisión.
Lo que queda es una constatación, no una receta: el PSOE puede competir en la España interior cuando el candidato tiene raíces en el territorio, la campaña se libra en clave autonómica y el contexto empuja hacia la concentración del voto. Las tres condiciones se han dado en Castilla y León.
3. Vox se atasca
Era el dato más esperado y la mayor sorpresa del escrutinio. Los trackings realizados durante la última semana —publicados tras el cierre de las urnas— situaban a Vox por encima del 20%, con entre 17 y 19 escaños. Tras Extremadura y Aragón, Castilla y León iba a ser la confirmación del ciclo ascendente de la ultraderecha en un territorio donde en 2022 ya había logrado el 17% del voto. No ha sido así. Vox obtiene 14 procuradores, apenas uno más que en 2022, y se queda por debajo del 19%. Carlos Pollán no ha logrado el despegue esperado. ¿Qué ha fallado?
«Vox ha quedado atrapado en una contradicción difícil de gestionar: su afinidad con el trumpismo choca con el rechazo mayoritario de la sociedad española a la implicación bélica»
Varias hipótesis, no excluyentes. La primera: el contexto internacional les ha perjudicado. La escalada en Oriente Medio y la sombra de Trump han generado un clima de incertidumbre que, en lugar de alimentar el voto identitario, ha empujado al electorado conservador hacia la opción percibida como más estable. En contextos de crisis de seguridad, el voto se concentra en la opción ya conocida. Vox ha quedado atrapado en una contradicción difícil de gestionar: su afinidad con el trumpismo choca con el rechazo mayoritario de la sociedad española a la implicación bélica y sus consecuencias.
La segunda es el desgaste interno. Las purgas, las polémicas y la ruptura del Gobierno de coalición en 2024 —con dos procuradores expulsados de su grupo— dejaron la imagen de un partido que anteponía la táctica dictada desde Madrid a la gestión autonómica. La cohesión que Vox cultivaba como seña diferencial se ha erosionado.
La tercera, quizá la más determinante, es el coste de haber gobernado sin transformar nada. Vox cogobernó con tres consejeros entre 2022 y 2024. Su gestión no dejó huella en un territorio donde el empleo precario y la despoblación son la primera preocupación ciudadana. Cuando un partido de protesta entra en el gobierno y no cambia las cosas, pierde la coartada de la indignación sin ganar la credibilidad del gestor. Es el peor de los mundos posibles.
La pregunta que queda abierta es si esto es una excepción —electorado conservador pragmático, más vinculado a la estructura territorial del PP que a la agenda cultural de Vox— o el primer síntoma de que el techo autonómico de la ultraderecha está más cerca de lo que el ciclo de 2026 sugería.
4. La cuestión leonesa: UPL no da el salto adelante
La Unión del Pueblo Leonés (UPL) aspiraba al cuarto procurador —su máximo histórico— y a superar el 5% del voto autonómico para constituir grupo parlamentario propio. Era la primera cita electoral de Alicia Gallego como candidata y la formación había cerrado la campaña con expectativas al alza y la denuncia de su exclusión de los debates televisados.
«El sentimiento leonesista sigue siendo un motor de movilización, pero el voto no se ha concentrado en UPL en la medida necesaria»
No ha llegado el salto. UPL obtiene tres escaños, los mismos que en 2022. León ha sido la provincia con mayor subida de participación de toda la comunidad, lo que indica que el sentimiento leonesista sigue siendo un motor de movilización, pero el voto no se ha concentrado en UPL en la medida necesaria —también por la fortaleza socialista—. El dato no equivale a un fracaso: es la confirmación de su paradoja. El leonesismo crece socialmente —más de setenta municipios pronunciados a favor de una comunidad autónoma propia, la mayor subida de participación provincial—, pero no encuentra todavía la masa crítica electoral para el salto parlamentario.
5. Aritmética conocida, política por resolver
Castilla y León cierra el ciclo autonómico de 2026. Tras Extremadura —donde la investidura de Guardiola con Vox, de momento, ha fracasado y ha abierto una crisis sin precedentes entre ambas formaciones— y Aragón —donde Azcón aspira a cerrar un pacto discreto—, el 15 de marzo dibuja un tercer escenario con lógica propia.
La aritmética no es el problema: con 47 escaños entre PP y Vox, el bloque de derechas supera holgadamente los 42 de la mayoría absoluta. El problema es la política. ¿En qué condiciones acepta Vox apoyar a Mañueco? La etapa 2022-2024 pesa sobre ambos: el PP sabe que gobernar con Vox dentro de la Junta tiene costes; Vox sabe que romper no le dio el rédito esperado. Y el resultado de estas elecciones debilita su posición negociadora: con un solo escaño más que en 2022, difícilmente puede exigir más de lo que ya tuvo. En cualquier caso, Mañueco necesita a Vox, sin olvidar que es la tercera comunidad consecutiva en la que el PP no puede gobernar sin la ultraderecha.
«Fuera de las grandes urbes y fuera de coaliciones amplias, el espacio a la izquierda del PSOE no tiene suelo»
Un último apunte: Podemos e IU-Sumar se quedan fuera de las Cortes. La izquierda alternativa desaparece del parlamento castellano y leonés por primera vez desde 2015. Concurrían por separado, y la fragmentación ha sido letal. Es la tendencia en cada cita autonómica de este ciclo: fuera de las grandes urbes y fuera de coaliciones amplias, el espacio a la izquierda del PSOE no tiene suelo. El voto útil hacia Martínez ha completado el vaciamiento.
Artículo publicado en Agenda Pública (15/03/2026).